Un bailador en cuarentena

Tango del ayer (vivo hoy y siempre)

Por: Daniel Correa Senior

daniel.correa.senior@gmail.com

Edición: Juan Daniel Correa Salazar

@juandanielcorrea

@musica_creativa_de_colombia

14 de junio, 2020

Suenan los ecos del lunfardo:

Mano a mano:

La letra de la canción es de Celedonio Flores; la música e interpretación la aporta el inseparable binomio por décadas: José Rozzano y Carlos Gardel. Era el comienzo de la fama. Compuesto en 1920, grabado por primera vez por Gardel en 1923 para el sello Odeón, es un himno al lunfardo. Eco de Buenos Aires, otra de las ciudades que nunca dormía. Están presentes en la tonada los hombres poderosos, la mujer mantenida, el juego de naipes, la milonga; y la vida de placeres y diversión

Poesía, música, literatura e historia, a la que sería criminal cortarle alguna sentencia:

Rechiflado en mi tristeza, hoy te evoco y veo que has sido
En mi pobre vida paria sólo una buena mujer
Tu presencia de bacana puso calor en mi nido
Fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido
Como no quisiste a nadie, como no podrás querer

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta
Gambeteabas la pobreza en la casa de pensión
Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta
Los morlacos del otario los tirás a la marchanta
Como juega el gato maula con el misero ratón

Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones
Te engrupieron los otarios, las amigas, el gavión
La milonga entre magnates con sus locas tentaciones
Donde triunfan y claudican milongueras pretensiones
Se te ha entrado muy adentro en el pobre corazón

Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado
No me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás
Los favores recibidos creo habértelos pagado
Y si alguna deuda chica sin querer se había olvidado
En la cuenta del otario que tenés se la cargás

Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros
Sean una larga fila de riquezas y placer
Que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos
Que te abrás en las paradas con cafishios milongueros
Y que digan los muchachos: es una buena mujer

Y mañana cuando seas descolado mueble viejo
Y no tengas esperanzas en el pobre corazón
Si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo
Acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
P'ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión

Jorge Luis Borges, en octubre de 1965, dictó en Buenos Aires cuatro conferencias sobre el tema. Un español las grabó todas. Los casetes estuvieron perdidos hasta 2013, cuando descubrirlos se convirtió en un acontecimiento literario reminiscente de esa relación íntima que siempre tuvo el maestro con el tango. En el primero de los coloquios, el poeta le asigna una fecha exacta al nacimiento del fenómeno: 1880 cuando surge clandestina y oscuramente este ritmo, de origen marginal. “El tango es orillero, no arrabalero”, aseguró en la tertulia. Traducción literal: es de las orillas de Buenos Aires, no de los barrios de arrabal.

No lo dice Borges, pero se sabe y está en sus milongas inmortales; el tango gatea al compás de la guitarra, en los boliches y pulperías, donde se sirve vino fuerte. Se baila, en un comienzo, entre hombres dando lugar a entreveros al son de la música, la navaja y el cuchillo. De estos entornos donde convergen los malevos, los guitarreros y los compadritos, de zapatos de charol y cabello engominado, el tango se transmite a los burdeles donde hace aparición “la mina” con falda rotonda de apertura que permite el quiebre en el baile. El tango sigue siendo de hombres quienes comandan en la pista. Vendrá a veces la milonga, festiva, menos circunspecta, más para la fiesta. El tango se irá para otras capitales, a Nueva York, a París, a Berlín y se tomará los salones de Pekín, ya en una sociedad decadente, en donde relucen las pitilleras de mujeres bailando entre ellas. 

Surgen las versiones para identificar el sitio en donde nace: unos le dan crédito a que la cuna del tango fueron las tabernas de Montevideo. Borges, ¿cómo no, siendo porteño como el que más?, se inclinó por Buenos Aires. Podría haber nacido en las riberas del Mississippi, como una de las expresiones del Blues; tiene la cadencia y la queja, que es el llanto de la guitarra, y el cantao, porque el bandoneón vendrá mucho después. Se dice que fue Astor Piazzola quien lo introdujo; y ahí se quedó para siempre. Antes, es una maravilla deleitarse con los genios de la letra y la música profunda, juntos:

Sublime.

El arte del Río de la Plata le daría la vuelta al mundo. No es ninguna alucinación el cotejo con la música negra norteamericana, ¿o sí?; el video de Louis Armstrong no se puede ver en esta plataforma creativa (para los curiosos aquí está: Kiss of Fire). 

El tango es un viaje. Hay quienes dedican la vida entera a entenderlo y descifrarlo. Yo les traigo una buena pista para iniciar: La Cumparcita, de la película Tango de Carlos Saura. Aquí están todos: los magnates, los gauchos con sus mantas; está “la mina” y el maestro, también se asoma un pibe:  

Regresando al origen; lo único que hay son teorías: que Carlos Gardel nació en Toulouse, Francia, que lo hizo en Uruguay, que seguro fue en Buenos Aires. Tampoco se conoce la fecha con exactitud. Sólo hay algo cierto, y muy triste: su muerte en un accidente de avión en Medellín el 24 de junio de 1935. En el fatal siniestro también falleció su amigo, compositor y guitarrista de cabecera: Alfredo Le Pera. Eran un dúo, un equipo, una familia; eran unos compadres. Esa terrible tarde antioqueña nació el mito. Es algo asombroso, pero "Carlitos" canta cada vez mejor:  

El “Monstruo de Linares”, Raphael, más vivo que nunca; y la voz del “Zorzal Criollo”, Carlos Gardel, mucho más viva aún.

Su leyenda se quedó por siempre en Colombia: 

La Caravana de Gardel, película dirigida por mi amigo Carlos Palau; evoca lo que fue aquella tragedia mortal.

El último tango que cantó en público, Tomo y Obligo, lo hizo desde el balcón de la Radio La Voz, de Medellín, el 23 de junio de 1935, un día antes de que se fuera para las estrellas:

Y es que el tango es danza y es nostalgia.

¡Que venga ese tango de ayer, que quiero olvidar un querer y echar las penas al viento! 

El tango es un pecado que se baila:

Es inmortal:

Al bandoneón Astor Piazzola, interpreta Roberto Goyeneche, "Garganta de Arena".

 

Tan sólo un abre bocas.

¡Que se acabe este encierro!, ¡Que estoy que me voy para el Puerto!

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