Un bailador en cuarentena

Flamenco de ida y vuelta (parte 1)

Por: Daniel Correa Senior

daniel.correa.senior@gmail.com

Edición: Juan Daniel Correa Salazar

@juandanielcorrea

@musica_creativa_de_colombia

18 de abril, 2020

“El flamenco quedó herido de muerte”

Dijo Diego “el Cigala”, ante la partida del recién fallecido Francisco Sánchez Gómez, mejor conocido como Paco de Lucía, el 21 de diciembre de 2014 en una playa cerca a Cancún, México.

Este grande de la música, quien fuera la referencia de la guitarra flamenca por excelencia, marcó la historia: cuando “Paco” recibió de manos de la peruana Chabuca Granda una caja del folklore inca, introdujo la percusión y la flauta a sus composiciones andaluzas; así nació el flamenco del siglo XXI.

Ese hecho significó el rasgarse las vestiduras y el rechinar de dientes de ortodoxos y puristas. Con el tiempo se fueron sosegando; tarde o temprano, la mayoría siguió con la tendencia de la innovación que incorporó el genial artista:

Años atrás, Federico García Lorca lo expresó así en su conferencia (19 de febrero de 1922) El Cante Jondo. Primitivo Canto Andaluz:

"Todos habéis oído hablar del cante jondo y, seguramente, tenéis una idea más o menos exacta de él... pero es casi seguro que a todos los no iniciados en su trascendencia histórica y artística, os evoca cosas inmorales, la taberna, la juerga, el tablado del café, el ridículo jipío, la españolada, en suma, y hay que evitar, por Andalucía, por nuestro espíritu milenario y por nuestro particularísimo corazón que esto suceda."

Más que un fenómeno vulgar, se trataba de un arte exquisito.

 

Recorrieron los parajes andaluces para escoger los cantaores e intérpretes de ese “quejío”, que es el grito desgarrador de la raza gitana. Marcharon juntos el espléndido compositor Manuel de Falla y el poeta granadino – Ay, Federico –, a la vez concertista excelso de piano. Con los dos monstruos iba un joven músico, llevando su guitarra al hombro, Andrés Segovia, quien, en adelante, se erguiría como quizás el más insigne purista de la guitarra española. En la correría se escogieron los que a su entendimiento eran los mejores, dando origen al Primer Concurso de Cante Jondo de Granada, que se llevó a cabo el 13 y 14 de junio de 1922 en La Alhambra.

 

La junta de la competencia, que se replicó en los años venideros, estuvo conformada por músicos como Joaquin Turina, Oscar Splá y, ¿cómo no?, el propio Manuel de Falla, entre otros. Así como por el escritor Juan Ramón Jiménez, autor de Platero y Yo, y el más célebre entre todos los poetas (y artistas): García Lorca. También formó parte del jurado el torero Ignacio Sanchez Mejías a quien, tras su trágica muerte en plena plaza, el ruiseñor le dedicó el inmortal “Llanto”:

¡Que no quiero verla!

Dile a la luna que venga,

que no quiero ver la sangre

de Ignacio sobre la arena.

 

¡Que no quiero verla!

¡Ay!, siguen los lamentos. Tampoco quisimos ver tu sangre derramada en Granada, Federico.

Dicho evento fue la semilla para que, tiempo después, surgiera en Córdoba, en 1956 el Concurso Nacional de Arte Flamenco, en el que participaron los artistas de ida y vuelta.

Paco de Lucía continúa la historia, de ida. Enredado en las cuerdas de su guitarra de autodidacta se trajo un choro desde Brasil: Tico-Tico no Fubá:    

Aparecería, o más bien sería descubierto, años después Francisco Repilado “Compae Segundo”, cubano, hijo de un español y una negra de la Isla Grande de la Música. En lo alto de su carrera, se presentaría junto a Martirio, la cantaora de Huelva, en el Teatro Olympia de París (1998):

De vuelta nuevamente a España. Desde Arles, Francia – en donde Vincent Van Gogh se estableció, rió y lloró lágrimas de sangre en la famosa Casa Amarilla que compartió con Paul Gauguin – vinieron los Gipsy Kings, gitanos franco-españoles, para la rumba y el cante, trayéndose, a la vez, de Venezuela el Caballo Viejo de Simón Diaz:

Regresará de nuevo Martirio para llevarse de vuelta una tonada: Las Palmeras de Alberto Cortez, que carga consigo el sabor del “Nuevo Mundo”; y el salero del viejo continente, no vayan a creer:

En una entrevista, poco antes de irse para las estrellas, le preguntaron a Paco de Lucía: “Maestro, ¿le gusta a usted la guitarra portuguesa?”, “Sí”, contestó, “me fascina”, ¿Y no le gustaría tocarla?”, respondió, “no me gustaría tocar ni esa, ni ninguna otra guitarra.” Era un perfeccionista, vivía obsesionado por el detalle, decía: “me sentía que tenía las uñas demasiado largas, que no me acomodaba, que las luces en la cara... nadie más en la audiencia se daba cuenta” ¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!, sufría gozando; apoteosis total, siempre:

Encuentro de gigantes. Con una diferencia, dos guitarras conectadas a la corriente, mientras la del genio, libre, directo al micrófono. Creería que al purista Andrés Segovia le hubiese dado un síncope de ver a “Paco” en esas.

Dejemos, pues, que Diego “El Cigala” cierre estas notas desordenadas de la cultura de la noche, con la banda venezolana La Sonora Santanera y sea el encargado de ir y volver de Andalucía al Caribe; para regresar de nuevo, en este permanente venir e ir:

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