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MÚSICA PARA VIVIR

20 mar 2020
3 min de lectura

Actualizado: 25 ene 2021

Por: Juan Daniel Correa Salazar

@juandanielcorrea

@musica_creativa_de_colombia

Marzo 20 de 2020


Tras años, décadas ya, de realizar espectáculos de música en vivo, un enemigo invisible, muy conocido por todos, ha venido a apagarnos la consola. No hay nada que hacer. Es hora de realizar un alto en el camino. ¿Desconexión?, ¿Introspección? Tiempo de crear: tenemos la palabra y, ¿cómo no?, la música, no sólo para acompañarnos, sino para enfrentar el desafío.

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¡El arte es el arma más poderosa que se conoce!

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Si algo bueno puedo sacar de esta locura es que – después de años también de pensarlo y posponerlo – el virus ha logrado aguzarme. Al fin saqué el valor para concretar este sueño, para lanzarme al ruedo una vez más; en esta ocasión con la columna El gomelo champetúo. Vengo para llenar sus ojos de poesía mundana y sus oídos de música, siempre celestial. Ella es mi conexión – y, seguro, la de muchos – con la verdad del universo.

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Gomelo: termino colombiano que se refiere a una persona que vive – o presume de hacerlo – en condiciones privilegiadas; suele ser pretencioso y le gusta dar de qué hablar. En Estados Unidos o Inglaterra, sería “a preppy guy”, en México un “fresa” y en España un “pijo”.

¿Gomelo? Con veras y espíritu. Además, se trata de alguien con gustos refinados que se alimenta a diario con Tchaikovski, Bob Dylan, David Bowie, Mozart, Nick Cave, Soda Stereo, Miles Davis, Jimmy Cliff, Alejo Durán y Astor Piazzola.

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Champetúo: dícese de aquel seguidor o fanático de la Champeta: más que un género – el único de música urbana nacido en Colombia en los barrios marginales de Cartagena y Barranquilla – un movimiento cultural y un estilo de vida.

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¿Champetúo? Al 1,000%. No sólo por el aliento y el sonido; la Champeta es un grito de libertad. Un fenómeno que se caracteriza por expresar la verdad sin ambages. No se fía de disimulos, ni se pone con eufemismos; es una expresión popular que, como lo hicieron hace años los Aterciopelados, ya superó, desde sus propios orígenes, el “¿qué dirán?”

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Un buen comienzo será moviendo, literalmente, el esqueleto:

Niñas y niños, a bailar. Una visión me lleva a diciembre de este oscuro 2020. Cuando termine el encierro, calentaremos nuestros huesos en la fría noche bogotana con las tonadas y el ingenio de estos dos renovados Quijote y Sancho Panza de la música electrónica. Lo haremos gracias a la perseverancia y las agallas del equipo del Festival Estéreo Picnic, hoy transitando por este inevitable stand by; seguro también maquinando y cavilando creatividad.

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El canto es claro: “Hey boys, hey girls: super star DJs, here we go!” ¡Acá vamos!

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Gozando con el video de los Chemical Brothers, con mi hija, siento que la vida es hermosa, vuelvo a creer en la humanidad. He de aceptarlo, la primera vez que lo vimos, le censuré la escena del amor en el baño; la segunda, la tercera y la cuarta, lo dejé ser. Es innecesario. Para qué tapar el sol con un dedo. En su mente inocente irá descifrando el mundo tal y cual aparece ante su mirada desnuda.

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La canción es de 1999 y está más actual que nunca. Para algunos, incluso, tiene un tinte futurista. Qué increíble pensar que hace ya demasiado entramos en el “nuevo” milenio; la gente de mi generación lo vivió como un acontecimiento sin parangones. Soñamos, desde pequeñitos, con un mundo de ciencia ficción; hoy vivimos en él, con sus altos y sus bajos. Menos mal esto no es religión, ni una clase de moral. Es Arte puro y libre.

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Esto es real:

Ahora mismo desde sus casas, encerrados, inspirado por los legendarios La Etnnia, los insto a que cuando se levante el aislamiento, salgan a las calles, caminen por la ciudad y se den cuenta de dónde viven y quiénes son. A que se “unten de pueblo”; por muy gomelos que se sientan, también pueden ser champetúos.

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Denle "Play" a la Playlist del Gomelo Champetuo:



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