El gomelo champetuo

cuando las palomas lloran... y ríen

Por: Juan Daniel Correa Salazar

@juandanielcorrea

@musica_creativa_de_colombia

Foto: Kristian Dowling - USA TODAY (Getty Images)  

 

23 de Abril de 2020                                                                                    

No puedo pensar en alguien más champetuo y, a la vez, gomelo que Prince. Gomelo con todas las credenciales: en la cima de su fama, el hombre alardeaba con estar, y con ser la propia “crema”:

You're so good

Baby there ain't nobody better (Ain't nobody better)

So you should

Never, ever go by the letter (Never ever)

You're so cool (Cool)

Everything you do is success

Make the rules (Rules)

Then break them all 'cause you are the best

 

Yes, you are! Grande. Nunca se me olvida el día que tuve la oportunidad de verlo en vivo. Sucedió hace como veinte años atrás cuando era un “arrancando” practicante en Washington DC. Mi tía Juana – maravilla de la humanidad – me dijo: “Juan Daniel, ya va a ser tu cumpleaños, ¿qué quieres de regalo?”. No demoré ni un pestañeo en contestarle: “ir a ver a Prince en el MCI (hoy Capital One) Arena”. La muy alcahueta que, por cierto, mucho tiempo antes en el mismo DC abrió los ojos de mi percepción llevándome a un concierto de los Rolling Stones, lo hizo de nuevo: “¡Vamos!: compra dos boletas, las que sea (ojalá no las más costosas) y te acompaño al show del “loco” ese”. Creo que ni un besito de despedida le di; salí corriendo, gritándole: “gracias, gracias, gracias”.

Qué mala pasada me esperaba: al pedir las entradas para uno de los tres días que se presentaría en la ciudad, me indicaron en la taquilla: “sorry, just sold the last two tickets”. Mi reacción, normal tratándose de tan formidable decepción, fue expresar, no precisamente para mis adentros, un improperio adecuado para la ocasión: “mierda, jueputa, gurrupleta: ¡Qué cagada!”. Siempre recordaré con cariño la bonita sorpresa que me llevé al instante: “Oiga, no sea tan grosero”, me dijo la joven al otro lado de la taquilla. Era una de las miles de colombianas que trabajan en Washington. “Perdón, perdón”, me disculpé. “No se preocupe, hasta me hizo dar risa, se me olvidaba cómo somos en nuestra tierra”. “Pues, ¿sabe qué?”, “¿Qué?”, “No hay dos, se agotaron, nada que hacer… hay UNA SOLA, para la tercera función”. ¡Qué dilema! ¿Ustedes qué hubieran hecho? Lo mejor es ir con la verdad. Volví a casa con la boletica en la mano y le conté a mi querida tía la historia. Me abrazó con cariño y me dijo: “Feliz cumpleaños”. A las dos semanas asistí – desafortunadamente solo, en medio de tanto arte hecho amor y tanto amor hecho arte – a uno de los acontecimientos que han marcado mi paso por este mundo. La tía Juana me acompañó en la conciencia a lo largo del espectáculo.  

¡Ay!, Prince Roger Nelson o “The Artist Formerly Known as Prince” o, simplemente “el artista”, hace 4 años dejaste este mundo; hoy te queremos como te conocimos, desnudo y libre:

The purple one” seguirá eternamente pintando nuestro recorrido con ese violeta, púrpura y morado de mil colores.

¿Champetuo? Nació en lo profundo del gueto negro en Mineápolis, Minesota, donde cultivó el blues, el funk, el rhythm and blues y el soul que lo llevaron a conquistar hasta el público más encopetado y engreído de los Estados Unidos, y del planeta. Lo hizo sin “pelos en la lengua”, sin tapujos, sin vergüenza alguna. Si la Champeta fuera “americana”, este “espelucao” hubiese sido su principal figura.

Lo cual me lleva a pensar en otro de esos artistas iconoclastas que no le tienen miedo a decir las cosas tal y como son; como deben ser: Charles King. Champetúo con corona. Hoy “encuarentenado” con su gente en San José de los Campanos (barrio periférico de Cartagena de Indias), de donde no quiere salir por convicción. También ha triunfado, en repetidas ocasiones, en la capital de los “Unites” y sus alrededores:  

El video, dirigido por mi pez, Santiago Castaño, lo filmamos en Coney Island, Nueva York, un 21 de junio (2012) en el delirante Mermaid Parade, al que asisten año tras año todas las sirenas, “locos” y freaks; en definitiva, todos los champetúos, de la “ciudad que nunca dormía” a celebrar al mar en el solsticio de verano del hemisferio norte.

El “palenquero fino” tiene paciencia. Sabe que volverá por esos lados. Por ahora sigue su camino, haciendo y publicando música prodigiosa. Cuando le pregunté qué opinaba de la obra de Prince, su respuesta no pudo ser más directa… y champetua:

Una verdadera joya, ¿qué más te puedo decir?, ¡Yo no sé!

 

 

Denle "Play" a la Playlist del Gomelo Champetuo:

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