El gomelo champetuo

COCAÍNA

Por: Juan Daniel Correa Salazar

@juandanielcorrea

@musica_creativa_de_colombia

Imagen: Sisko Electrofanatik

20 de agosto de 2020                                                 

La música es un viaje.

Puede ser un excelente vehículo para evadirse, para escapar. A veces es absolutamente necesario hacerlo.

Hay otras en las que nos conecta con la realidad. Golpea de frente con melodía y verdad. Sirve para que espabilemos, para que abramos los ojos. Nos despierta.  

En ocasiones llega directo al flujo sanguíneo como una esnifada de cocaína:

Prodigiosa interpretación del clásico por parte del maestro Eric Clapton en el Albert Hall de Londres, celebrando hace unos años (2015), sus 70 de vida. Real, hermoso y duro himno sobre uno de los elíxires – y venenos – más poderosos que haya conocido el hombre. El compuesto – clorhidrato de cocaína – no miente, no miente, no miente:

If you want to hang out, you've gotta take her out, cocaine

If you want to get down, get down on the ground, cocaine

She don't lie, she don't lie, she don't lie,

Cocaine

Así es. Te mantiene “vivo”, te despierta, te sube, te baja y te tira al suelo.

 

Tomarla, más aún de manera recurrente, equivale a montar en una montaña rusa de emociones; y a descender de ella cada tanto.

Yo lo hice, bastante. Escalé y caí. Conocí el paraíso y me deslicé por el infierno. Casi me quedo ahí. Por fortuna, hace como quince años atrás, tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: alejarme para siempre de ella.

Fue difícil, pero vi la luz. Me ayudó demasiado tener a mi lado a la hermosa Claudia, mamá de mi hija y uno de los seres que más he querido y querré en este universo. Lo cual, si de consejos se trata, vale la pena decirlo, comprueba que el amor todo lo puede. Incluso sirve para dejar de consumir una de las sustancias más adictivas que se conocen. Una que te puede llevar al cielo e instantes después tiene el poder de mandarte a la lona.

Es que, si estás triste, recibiste malas noticias y quieres huir, ahí la tienes:

If you got that lose, you want to kick them blues, cocaine

When your day is done, and you want to ride on cocaine

She don't lie, she don't lie, she don't lie,

Cocaine

   

Te ayuda a continuar; a que tu cuerpo siga de pie así tu alma esté molida y necesite descanso.

Yo estoy más tranquilo sin su influjo. Igual, conozco a gente que lo hace recreativamente y que, al parecer, lo lleva bien. También sé de unos cuantos a los que la droga derrotó. Cada organismo reacciona en una forma singular. El caso es que te da resistencia y aguante; te ayuda a seguir sin pausa, así se acabe el día, así pasen días y días:

If your day is gone, and you want to ride on, cocaine

Esto no es una lección de moral, de buenas costumbres o de religión; es, tan solo, música y poesía. Está comprobado que si no hubiese sido por la bendita (o maldita) cocaína, la humanidad se hubiera perdido de increíbles obras. Sin ella, no se habrían compuesto – e interpretado – algunas de las mejores canciones de David Bowie, Queen, Jhon Lennon, Charly García, Eric Clapton, Joe Arroyo, Diomedes Diaz, Carlos Vives, Héctor Lavoe o de Keith Richards y los propios Rolling Stones, por poner tan sólo un puñado de ejemplos.

Lo malo es que por muy fuerte que te creas, el camino que emprendes al subirte a ese bus no tiene retorno:

Don't forget this fact, you can't get back, cocaine

She don't lie, she don't lie, she don't lie,

Cocaine

Ella no miente, no miente, no miente.

Gracias a la luz del cosmos, hay varios como yo, un simple mortal – al que acompañan rutilantes estrellas de la música – que hemos vivido para contar la historia. Otros la han pasado bastante peor. Se trata de una decisión personal cuyos efectos dependen del contexto, la educación, el metabolismo y la personalidad. Cada uno es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo y con su cabeza.

El problema es que la historia alrededor de la elaboración y comercialización de la cocaína tampoco miente.  

De lejos, y desde hace demasiado tiempo, Colombia es el principal productor del alcaloide. Y, hoy, en plena pandemia, su consumo es el más alto de todos los tiempos. Esto no para, no para, no para.

Haciendo una somera pesquisa en línea sobre el asunto – bastó con poner “cocaína” en el buscador – esto fue lo que encontré:

En Holanda, desmantelan una enorme "cocina" de cocaína y detienen a 13 colombianos; en Australia la policía encuentra una tonelada de cocaína en un barco; en España le asestan un golpe al narcotráfico en Sevilla con más de 30 kilos de cocaína intervenidos; en Noruega, arrestan al bicampeón olímpico Northug por posesión de cocaína; y en Colombia destruyen dos laboratorios de producción de clorhidrato de cocaína y, muy tristemente, asesinan a 8 personas en Samaniego, y, reportan, tiempo después, otra masacre en Ricaurte contra varios indígenas, todo en el departamento de Nariño. Tan sólo fue una mirada panorámica; ¿qué tal que ahondáramos en el asunto?

¡Ay, esta esnifada – y estos sonidos directos y crudos – están saliendo crueles, ásperos y violentos!

Jugar con la verdad asombra.    

¿Cómo vamos a continuar? ¿Seguirá siendo el consumo de cocaína un peligroso placer prohibido?

Hace unos años, también oyendo a Eric Clapton, escribí para Pulzo la columna ¿Y si legalizamos la cocaína?, hoy me reitero:

Personalmente no creo en la fumigación (con helicópteros, aviones o drones), ni en la erradicación manual (hace un tiempo pude constatar y documenté que, definitivamente, si de coca se trata: “hierba mala, nunca muere”), ni en la prohibición de dosis mínimas, ni en las incautaciones, ni en nada de ello, siempre y cuando el consumo de cocaína continúe y, así sea sólo por razones demográficas, crezca. Si algo tiene la cocaína como canta Eric Clapton, es que ella no miente, no miente, no miente.

Sé que hay bastante tela por cortar, y demasiado por discutir, pensar y debatir. Sin embargo, tomando en consideración que existen muchas más víctimas, y muchas son muchas, por causa de la violencia asociada al tráfico de la droga que por el consumo de ella; no creen que, por el futuro de este país (y de este mundo), ¿ya va siendo hora de pensar en legalizar la cocaína?

La semana pasada, Thierry Ways, columnista de EL TIEMPO, escribió algo en la misma vía que vale mucho la pena considerar en este debate y en estos tiempos en los que se discute sobre la legalización de la marihuana en el Congreso de la República de Colombia: No basta el cannabis. ¡Por supuesto que no!  

La música es un viaje.

Hoy nos trasladó a estas profundidades de la sociedad y el ser, mañana quién sabe a dónde nos llevará.

Cada quién que lo tome como quiera. De eso se trata esta nota escrita con entera libertad. Escuchen, lean y decidan. Porque, como lo cantan a todo pulmón, así intenten infructuosamente de censurarlos, Calle 13 y Café Tacvba:

En el mundo hay gente bruta y astuta

Hay vírgenes y prostitutas

Ricos, pobres, clase media

Cosas bonitas y un par de tragedias…

 

… En el mundo hay vitaminas y proteínas

Marihuana, éxtasis y cocaína…

¡Pero no hay nadie como tú!

 

Continúen en sintonía con la playlist del Gomelo Champetuo       

Lean también: música para vivir y 42

Vean el concierto #OrgulloDeSer

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