El tercer ojo

contra el aburrimiento

Por: Andrés Ruiz Worth

© thekaleidoscope

Mayo 21 de 2020

En los dos meses de aislamiento he encontrado el tiempo para ver atardeceres que empiezan a las dos de la tarde. El resultado de este ejercicio contemplativo puede ser un leve desvanecimiento de la personalidad, una pequeña muerte. Mientras el sol baja en cámara lenta se anula momentáneamente mi ambición. En el polo opuesto, el del aburrimiento, se enciende una luz que debe venir de San Andrés Islas, directamente de la finca de Job Saas:

Las cosas no son como son, sino como uno las siente. ¿Cómo explicar que genios como Doug Kenney (Caddyshack), Ernest Hemingway (El viejo y el mar) o Michael Hutchence (INXS) cavaran su propia tumba? No me atrevo a juzgarlos. Cada quien es libre de buscar la liberación. Pero sospecho que estaban recluidos en su manera de ver el mundo, una mirada que, aunque genial, los convirtió en verdugos y víctimas de su propio ser. 

 

Cada uno estuvo marcado por alguna desgracia desde la infancia, usualmente una ruptura, y con las preguntas que trajo el dolor reinventaron sus artes: el humor, la novela y el pop anglo. Eran trabajadores empedernidos. Ninguno de ellos pudo admitir no estar más en la cima. El consumo a dos manos de psicoactivos, narcóticos y alcohol cercó aun más sus vidas, aunque ofrecía la ilusión contraria.

"Cae el sol y aún sigo soñando", canta Cerati, otro de los caídos en escena/combate. Yo muero cuando cae el sol. Pero al tiempo despierto y conecto con una fuerza vital ajena a mis planes, unas ganas de estar vivo que nada saben de fracasos o éxitos. 

El poeta Bécquer, que escribió en el siglo XIX y murió a los treinta y cuatro años de causas naturales, aunque se sospecha un mal funcionamiento del hígado, tras ver el horizonte perderse a lo lejos "a través de una gasa de polvo dorado e inquieto" escribía, "en el mar de la duda en que bogo / ni aún sé lo que creo; / sin embargo estas ansias me dicen / que yo llevo algo / divino aquí dentro". 

 

Días de pandemia. Para algunos son tiempos de aburrimiento puesta la ambición en suspenso. Trabajar sin apegarse a los resultados es la fórmula del hinduismo para actuar en el mundo venciendo el ego, para ser genial, incluso, y no tener que sufrir por ello. Copérnico descubrió para Occidente lo que Oriente ya sabía, que la Tierra giraba alrededor del sol y no al revés. Pero no dedujo de ello que no somos el centro de nuestras vidas, y que si no podemos dejar de estrellarnos con otros seres humanos, o con nosotros mismos, al menos podemos arrojar un rayo de compasión sobre este mundo cruel.

 

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